El oficio imposible
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- Written by Pedro Ugarte
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Pocas profesiones están más desprestigiadas que la política, pero uno ve con indulgencia a los integrantes de esa curiosa corporación. Por avatares de la vida, uno ha conocido a políticos diversos. Y, aparte de los incalificables, los hay también de cuerpo entero, políticos que han pagado el precio de defender la libertad y otros que, de forma modesta, se entregan a una gestión oscura y laboriosa, a favor de sus convecinos. A los primeros nunca habría que olvidar (menos ahora, cuando la paz corre el riesgo de confundirse con la amnesia), pero los segundos son tan numerosos como desconocidos. Unos y otros merecen todo el respeto. Dejando constancia de esa admiración, hay que reconocer que la defensa de la clase política resulta complicada, y en ello no tiene tanto que ver la conducta como el discurso. En efecto, la clase política es responsable de difundir una incalculable esperanza: la de que nuestra felicidad está en sus manos. Y esto desencadena, en consecuencia, la frustración de no conseguirla nunca.
En Europa, la clase política ha educado a la ciudadanía en una radical invalidez. Ha inoculado el virus de la incapacidad para hacer nada, para tomar ninguna iniciativa, para resolver el más mínimo problema. Hasta las catástrofes naturales o los peores accidentes “podrían haberse evitado” si cierto informe o cierta comisión hubieran conjurado a tiempo la amenaza. Dado que de la realidad se encargan los políticos, nuestra única verdadera ocupación es protestar (e “indignarnos”). Hay una frase, cara a nuestro lehendakari, pero que todo político suscribe sin dudar, aquella de que ellos están “para resolver los problemas de la ciudadanía”. Asombra designio tan increíble. Y en él radica el desprestigio de los políticos: si ellos están para resolver nuestros problemas (y habida cuenta de que nunca dejaremos de tenerlos) su gestión genera una irritante frustración.
El ambicioso objetivo choca con un obstáculo de carácter metafísico: los seres humanos no son felices. En ese sentido, la suposición de que el Estado nos puede llevar a la felicidad constituye una bomba de relojería construida sobre tres diabólicas instancias: 1) Como los políticos se atribuyen la gestión de nuestra felicidad, toda reclamación de más poder y más recursos deviene incontestable 2) Como son incapaces de conseguirla, el saldo de su gestión será siempre frustrante y 3) La frustración desencadena el desprestigio de la política, lo cual, como demuestra la historia, culmina en el desprestigio de la democracia y, a la postre, en la aparición de dictadores, caudillos, gordillos, demagogos o tiranos.
Sería más fácil defender un quehacer tan honesto y necesario como el de los políticos si estos no hubieran cometido la estupidez de imaginarse capaces de resolvernos la vida y, todavía peor, de jurárnoslo en voz alta. No habrá jamás subida de impuestos que satisfaga objetivo tan enorme.
Aparecido en El País el 18 de agosto
¡Arriba el telón!
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- Written by María Eugenia Salaverri
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Anoche tuve una pesadilla; explicaba a una guiri qué es la Aste Nagusia. La guiri preguntaba quién es Marijaia, por qué en el cartel de este año parece un travesti, por qué las terrazas están llenas de gente que en todo el año no bebe ni un zurito y en estas fiestas va más puesta que Amy Winehouse, qué calzado hay que llevar a las txosnas para no volver a casa como un indio pies negros… Y ante ese interrogatorio, en un giro argumental onírico, la he plantado en medio del Arenal, con un plano (o mapamundi) de Bilbao y un pañuelo azul, y he salido corriendo justo cuando empezaba el txupin y le caía encima esa mezcla repugnante de huevos, harina y ese líquido inclasificable que algunos llaman champán.
Si no has nacido o crecido en Bilbao, es difícil entender esta demencia colectiva que llamamos Semana Grande. Que una semana tenga nueve días, ya debería hacernos sospechar que algo raro pasa. Pero si naces aquí, lo ves hasta lógico. Desde pequeñito sabes que a las txosnas se va con katiuskas (nunca con sandalias) porque si no, parece que has llegado de coger chapapote del Prestige. ¿Pero cómo explicarlo a alguien de fuera? Si pienso en explicar las relaciones familiares de la ballena Baly, su marido el pulpo y sus hijos besugo y txangurro, ya empiezo a hiperventilar como una fiera. Pero los niños bilbaínos encuentran normales esas perversiones y tejemanejes genéticos, que hubieran aterrado hasta al doctor Mengele. Y ven razonable que a la fatídica familia se sume ahora una jirafa amiga de Baly, que a saber qué depravaciones nos deparará.
Nuestras criaturitas son de amianto. ¿Sus padres los llevan al Gargantúa para que los coma y los expulse por donde amargan los pepinos? ¡Estupendo! ¿Les enseñan el cartel de Marijaia sin censura, como si fuera normal ese espectáculo? ¡Fenomenal! ¿Ven pasear a la luz del día a la txupinera y a la pregonera con esas pintejas? ¡Sin problema! Están hechos a todo y no les asusta ni Mike Kennedy.
Hagamos como ellos y que sea lo que Dios y Marijaia quieran. A fin de cuentas, sólo se vive una vez. ¡Feliz Aste Nagusia y que la suerte os acompañe!
Aparecido en El País el 18 de agosto de 2012
La «poesía viva» de vascos y astures
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Encuentro poético vasco-asturiano. La noticia apareció en el periódico El Comercio. Participó en el encuentro el poeta miembro de la AEE/EIE Santiago Liberal.
Los versos de Mario Benedetti, Miguel de Unamuno, Pablo Neruda o Gloria Fuertes llenaron ayer los jardines del Botánico, lo hicieron en la voz de dos rapsodas vascas y con el sonido de un arpa de fondo. Un escenario perfecto, que hizo que el encuentro poético 'Xeremandia' brillara con luz propia en una mañana especialmente gris.
Aunque se leyeron obras de los grandes nombres de la poesía universal, fue ayer un día para la literatura de casa. Se recitaron muchos poemas en euskera y asturiano, se cantó una bilbainada y se habló de padres, cocina y crisis. Y es que para la bilbaína Carmen Martínez «hoy la poesía está más viva que nunca, es ahora cuando más la necesitamos». Ella y quienes la acompañaban en el recital, los vascos María Ángeles Pérez y Santiago Liberal y los asturianos Miguel Allende, Esther Prieto y Juan Acebal, quisieron destacar la belleza del lugar y la importancia de que festivales como el Arco Atlántico pongan también su mirada en la poesía, muchas veces dejada de lado por otros géneros literarios. «Con estos recitales le decimos a la gente que se sigue escribiendo buena poesía, y que se hace al lado de ellos», afirmaba Santiago Liberal, justo antes de su lectura.
El toque de humor lo puso Miguel Allende, quien recitó sus poemas de payasos y arrancó numerosas sonrisas al público con su poesía real, humilde y en asturiano, «que lo estamos perdiendo». Tampoco le faltó gracia a Juan Acebal, quien con sus poemas basados en recetas de cocina levantó numerosas carcajadas. Entre poema y poema no faltó tiempo para que el arpista Daniel de la Cuesta dejara escapar algunas notas.
Ayer el Arco Atlántico tenía al País Vasco como protagonista, si primero fue con la poesía, después con algo tan diferente como los juegos tradicionales. El soka tira, las carreras de sacos, el corte de troncos con tronzadores o el levantamiento de fardos iban a ser los reyes en el cerro de Santa Catalina, pero la lluvia obligó a un cambio de ubicación de última hora a Poniente, que no le restó gracia al espectáculo. «Esto está animado, que no se diga que la lluvia nos para», contaba José Álvarez 'Pola', presidente de Escuela de Deportes Tradicionales Seis Conceyos. Tan animado estaba que incluso algunos de los espectadores se atrevieron a hacer un tímido intento en el levantamiento de fardos. Pero el peso era demasiado, y el intento se quedó con más gracia que éxito.

Muestra en la Ciudadela
Otro de los lugares emblemáticos de Gijón que estos días es sede del certamen es la Ciudadela de Capua. Allí, con motivo del Arco Atlántico, se pueden encontrar creaciones artísticas de lo más diversas. La que más llama la atención es, sin duda, la 'Habitación sitiada por la Naturaleza', una recreación simbólica de lo que pudo haber sido un cuarto de estar de la antigua Ciudadela. La estancia está decorada y amueblada como si hubiera sobrevivido al paso del tiempo y hará sentirse a los visitantes como si viajaran a 1877, cuando fueron construidas las viviendas por el empresario Celestino Solar. Sin embargo, para recordar que el paso de los años es inevitable y que la naturaleza siempre acaba por reclamar su espacio el creador de la obra Ignacio Ganza ha incluido vegetación, que poco a poco ha invadido la estancia.
La muestra en la Ciudadela se completa con la exposición fotográfica 'Déjà Vu' de César Naves, quien pretende describir a través de instantáneas esa sensación tan familiar de ya haber vivido con anterioridad un hecho que, en realidad, es novedoso.
Hoy se pone el punto final a las actividades del Arco Atlántico. Después de una semana llena de gastronomía, juegos tradicionales, conciertos, show cookings, literatura... llega el momento de despedirse de las vecinas regiones atlánticas. Pero antes, habrá tiempo para volver a ver a las goletas y embarcaciones clásicas navegar frente a la costa gijonesa, escuchar el sonido de las gaitas y asistir al acto de clausura en la Plaza Mayor donde el himno de Asturias interpretado por el coro Cimavilla dirá adiós al festival hasta el año que viene. Eso sí, los amantes de la gastronomía portuguesa están de enhorabuena. El mercado en el Campo Valdés sigue hasta el miércoles.
2026
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- Written by Luis A. Bañeres
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Hace ya muchos años que agonizó la última bombilla. Por fin entendimos lo que nos decía la inmobiliaria que nos vendió el piso cuando hablaba de "piso soleado". Hemos descubierto que, cuando se pone el sol, las velas nos mantienen más unidos. Hablamos más, empezamos a conocernos.
El perro aún no entiende cómo le dedicamos tanto tiempo, pero se muestra encantado.
Hemos desterrado los murmullos obligados y fugaces entre vecinos en el ascensor (que ya no funciona) y ahora charlamos más. Incluso surgen tertulias de forma espontánea en el portal, donde siempre hay sillas preparadas para supervisar el paso del tiempo.
Con la crisis murieron muchas cosas que creíamos necesarias y que resultaron finalmente odiosas: auriculares, móviles, televisiones, coches, agendas, tarjetas de crédito, videoconsolas... Las prisas, el stress, el bono alemán, la prima de riesgo, la intención de voto, la hipoteca, los programas del corazón, los politonos, los bips...
Todo lo que precisaba de pilas, luz, gas...todo eso ha muerto. Sólo quedan los despertadores tradicionales y las calculadoras solares. Y se oxidan día a día.
Las industrias desaparecieron y fueron reemplazadas por artesanos. No hay transgénicos ni fechas de caducidad, ni garantías, ni imitaciones. Todo es genuino, sencillo y hecho a conciencia.
Ya no nos preocupamos de encontrar aparcamiento; y nos permitimos pasar al lado de un parquímetro, sonriendo maliciosamente. El dinero no existe, y con él se fueron los bancos y los políticos. El clero menguó hasta quedar en una magra parte vocacional.
Intercambiamos bienes y servicios y no usamos decimales.
La justicia la imparte el pueblo y todo el mundo la entiende sin necesidad de escribir leyes.
Los tomates empiezan a saber a tomate y no recordamos lo que era el ...colesterol?? Al parecer, el bífidus y el omega 3 no eran tan imprescindibles.
De todo aquello que se conocía como multimedia sólo nos quedan los libros y están debidamente ordenados en las plazas públicas para que los jóvenes, - ahora que han salido de sus universos particulares, nos miran cuando les hablamos y no están centrados en la pantalla de su móvil-, los lean y no repitan nuestros mismos errores.
Al final, tampoco fue para tanto.
Algo ha quedado claro
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Elena Moreno en El Correo del 27 de julio de 2012.

