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Escrito por Pedro Tellería
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Se me pasó el año sin escribir sobre Monólogo interior, el disco que en 2010 publicó Single, un proyecto liderado por dos ilustres del pop. Teresa Iturrioz es la cantante e Ibon Errazkin se encarga de guitarras y programaciones. Los conocía de Pío Pío, la entrega que también Elefant Records publicó en 2006; y antes, de una maravillosa versión de El amor en fuga, el tema principal de la cinta homónima de Truffaut. Ambos provienen de los tiempos heroicos de Le Mans, añorado combo donostiarra de los años noventa.
Lo mejor de la música es escucharla, y no hablar de ella. Me limitaré a decir que los sonidos que inventa Errazkin con sus maquinitas y teclados son lúcidos, cristalinos, divertidos y modernos. Y que la voz de Iturrioz ha ganado con los años en gravedad y expresión, en ironía y espesor, hasta desplegar una amplia gama de claroscuros coherentes con los ambiguos textos que canta. Y que los textos siguen siendo pura poesía pop: minimalistas, esenciales, crudos. Y que la portada de lujo es, otra vez, de Javier Aranburu. Y que los vídeos…
¿Qué canciones me gustan más? Me enamoró desde el principio “Posponías”, pero después llegaron “Pensamiento” o “Fotos”. Todas son buenas por su originalidad y por su madurez. Son canciones que hay que disfrutar despacio, con esa concentración que exige el detalle del pop de orfebre. En el disco, además, rindieron homenaje a Violeta Parra y Mercedes Sosa con el clásico “Gracias a la vida”, que pasa a ser, gracias al genio del dúo, una canción Single.
Aparecido en Luke del mes de enero, con cambio de diseño incluido.
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Escrito por Alex Oviedo
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ACTA DEL JURADO DEL PRIMER CONCURSO DE POESÍA VISUAL "JUAN CARLOS EGUILLOR"
El Primer Concurso de Poesía Visual Juan Carlos Eguillor ha recibido 134 obras procedentes de toda España, Argentina, Colombia, Perú, Brasil, Chile y Estados Unidos.
El jurado, compuesto por María Eugenia Salaverri, Javier Rebollo y Mikel Apodaka, seleccionó treinta de estas obras atendiendo a la fuerza de las imágenes, la profundidad y reflexión de los textos, y el ingenio y humor inherentes a un premio que lleva el nombre de un artista tan genial como Juan Carlos Eguillor.
Por su capacidad de sugerencia y por la sensibilidad con la que cuentan una historia a través de una imagen, el jurado ha otorgado el primer premio a la obra SUSTENTO, de José María López Medina (Barcelona) y los dos accesits a los poemas H_MBRE, de Manuel Lucas González Toro (Huelva), y PAISAJES DE UNIVERSIDAD, de César Leonardo Altamiranda (Córdoba, Argentina).

SUSTENTO, de José María López Medina (primer premio)

H_MBRE, de Manuel Lucas González Toro (accésit)

PAISAJES DE UNIVERSIDAD, de César Leonardo Altamiranda (accésit).

Este es el listado de ganadores y seleccionados para su posterior publicación en un catálogo a todo color que verá la luz a finales del mes de febrero. Pinchad sobre la imagen si queréis descargar el pdf. El fallo de este Primer Concurso "Juan Carlos Eguillor" sirve para conmemorar el 26 de enero, Día de la Poesía Visual. |
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Escrito por Alex Oviedo
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Os paso el enlace de la revista de creación y pensamiento Las razones del aviador en la que han publicado cinco poemas de Eli Tolaretxipi de su poemario Edgar. Y uno de los poemas para abrir boca:
dolor
Pain has an element of blank…
Emily Dickinson
Lo primero que pierdo al caer en el pozo es la sintaxis. Sólo palabras sueltas como dolor o visión de herida, magulladura, arañazo, imposibilidad de saber si antes, o si la marca es el recuerdo de algo. La hinchazón oculta por el pelo podría parecer irrisoria, patética, evitable. Y qué me dices del ruido. Será que el agua hierve o son aplausos, el agua o un piano que imita los músculos del mar, sus hombros, los brazos, las manos que apartan la densidad. |
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Escrito por Alex Oviedo
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Fernando Valls disecciona el último libro de relatos de Fernando Aramburu, El vigilante del fiordo:
El cuento es un género que Fernando Aramburu ha venido cultivando desde que empezó a escribir. El vigilante del fiordo es su tercer libro de relatos, tras No ser no duele (1997), recuérdese que su primera novela data de 1996, y el muy reconocido Los peces de la amargura (2006). Lo primero que llama la atención, en este nuevo volumen, es que algunas de sus piezas parecen desgajadas del libro anterior, pues en “Chavales con gorra” y “Los vigilantes del fiordo” vuelve a ocuparse del terrorismo vasco, mientras que en “Carne rota” trata de los atentados del 11-M.
El primero muestra el miedo obsesivo que lleva a un matrimonio pudiente a huir sin descanso, acosados por ETA, en busca de un lugar para instalarse a vivir. El marido se siente constantemente “observado, perseguido, acorralado” por los chavales del título. Más ambiciosos, complejos y logrados resultan los cuentos que ocupan el centro del volumen: “Carne rota” y “El vigilante del fiordo”. En aquél, a lo largo de diez secuencias, separadas por blancos, se cuentan otras tantas historias que van enlazándose mediante el procedimiento de la concatenación (reiteración de la anadiplosis). En todas ellas se ocupa el autor de las trágicas consecuencias del atentado terrorista del 11-M, pero quizá destacaría tres de estas historias. La quinta, con la que podría hacerse un corto cinematográfico, en la que se relata el reencuentro de dos chicas que todos los días coincidían en el tren, sin llegar nunca a tratarse. Pero, tras el accidente, del que salen sanas y salvas, aunque a una le han quedado remordimientos por no haber prestado ayuda y a la otra una cicatriz, cada vez que vuelven a verse se abrazan, alegres por haber sobrevivido a la tragedia. En la octava historia, el narrador en tercera persona se alterna con el omnisciente, quien conoce la masacre que se avecina, para contarnos cómo un chico de rizos negros dejó en el tren 21.435 la mochila con los explosivos. Pero quizá sea la última secuencia una de las más patéticas, al mostrarnos la impotencia de Guzmán, quien tras observar la explosión desde su casa, se queda paralizado y ni siquiera se atreve a prestar ayuda, pues padece aún las secuelas de un reciente accidente de coche, del que fue responsable y en el que su padre perdió la vida. “Carne rota” es, en suma, una narración de protagonista colectivo, compuesta por secuencias concatenadas que desde distintos puntos de vista nos proporcionan una imagen tan variada y precisa como emotiva de los atentados del 11-M, sobre sus consecuencias en las víctimas o en sus allegados, así como de las distintas reacciones que provocan en las gentes que se hallan cerca del suceso.
Toda la información en La nave de los locos. |
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Escrito por Luis A. Bañeres
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Hace frío. Los chalecos reflectantes no ayudan a entrar en calor a los dos voluntarios de la Cruz Roja que han atendido a la llamada al 112.
Afanados sobre el cuerpo que yace en la acera, cruzan finalmente una mirada de asentimiento, convienen en el diagnóstico fatal y proceden a cubrir a la mujer. Mechones de pelo rubio teñidos escapan de entre los pliegues de la manta térmica que devuelve al sol sus primeros rayos. Unas perlas rojas dan fe de lo acontecido apenas unos minutos antes.
Algunos metros más allá, unos vecinos observan incrédulos la escena, inquietos. Ya habrá tiempo para comentarios. Por ahora el tiempo parece haberse detenido.
Un móvil suena estridente bajo la manta. Por la melodía jocosa, parece que su dueña no es tan joven.
¿Quién llamará? —parecen preguntarse los que deambulan alrededor—. Un jefe, un hijo, su padre, alguien tratando de vender un seguro o tal vez un robot impertinente. ¿Quién?
Todos parecen preguntarse lo mismo y se miran nerviosos esperando que cese ese sonido que quiere hacerse un hueco en esa brutal escena.
Encienden otro pitillo y tratan de recogerse en sus propios pensamientos.
Nadie se atreve a cogerlo.
Quizás porque nadie sabe qué responder. |
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