Entrevista a Irazoki en 'Mediaisla'
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Escucho a Rokia Traoré para ponerme a su ritmo y seguirlo desde mi espacio. Francisco Javier Irazoki, escritor, músico virgen, lleva encendida la alarma poética. Trata la vida con la delicadeza de las palabras cuidadas, con las formas que evocan la belleza, la precisión y el sonido. Desde París escribe con memoria, hondura y convencimiento.

El poeta Francisco Javier Irazoki (Lesaka, Navarra, 21 de octubre de 1954) fue periodista musical en Madrid. Colaboraba en revistas como Disco Expres (bajo la dirección de Erwin Mauch) y El Musiquero (dirigida por José María Iñigo). Formó parte de CLOC, grupo de escritores surrealistas. Desde 1993 reside en París, donde ha cursado estudios musicales: Armonía y Composición, Historia de la Música, etc.
Como escritor, sus primeros poemarios editados fueron Árgoma (Estella, 1980) y Cielos segados (Universidad del País Vasco; Leioa, 1992), que incluía los tres volúmenes de versos escritos hasta esa fecha: Árgoma (1976—1980), Desiertos para Hades (1982—1988) y La miniatura infinita (1989—1990). Más tarde, Irazoki publicaría Notas del camino (Javier Arbilla Editor; Pamplona, 2002, con fotografías de Antonio Arenal), el libro de poemas en prosa Los hombres intermitentes (Hiperión; Madrid, 2006) y La nota rota (Hiperión; Madrid, 2009), cincuenta semblanzas de músicos de épocas muy variadas. La Asociación de Escritores Extremeños y la Junta de Extremadura editaron en 2010 dos antologías—plaquettes de Irazoki.
Publica su columna Radio París en El Cultural, suplemento del diario El Mundo.
—En crisis hasta la música que se escucha es triste. ¿Qué música escucha?
—En los tiempos más recientes he escuchado pocos discos. Misterio. Sí acudí a varios conciertos en Nueva York y fue especialmente emotivo ver y escuchar a McCoy Tyner, Ravi Coltrane, Gary Bartz. En el local Blue Note los músicos tocaron atentos a un McCoy Tyner susurrante, con el cuerpo disminuido por la edad, pero de delicadeza tan joven como cuando acompañaba a John Coltrane. Entre compases finos descargaba dos o tres acordes de forzudo musical. Pero lo mejor de la noche nos lo dio Gary Bartz. Rojo y sin tristeza, extrajo de su saxo una música al mismo tiempo serena y desesperada.
—¿Cuál es la sustancia vital del poema? ¿Qué elemento considera necesario para que un poema sea universal?
—La pequeña verdad personal es la sustancia. Que las palabras, bien pulidas, apenas se vean bajo el peso verdadero que transportan. El poema principal llega empapado de vida y con pocas adherencias. Por otro lado, me dan miedo los vocablos que tienen corpachón de tanque. Un ejemplo es la palabra “universal”, tan hinchada. Sólo me acerco a ella para pedirle oxígeno cuando los patriotas trazan los límites de la dichosa identidad.
Toda la entrevista en la página web de Mediaisla.
'Ajeno al dolor'
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- Written by Luisa Etxenike
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¿A quién pertenecen las instituciones? ¿A quién deben dirigir su responsabilidad? Entiendo que a la sociedad o a la ciudadanía en su conjunto. Y que, por ello, quien asume la dirección de esas instituciones debe asumir también una forma de "transformación". Pasar de ser una persona individual a ser un cargo público significa sumarle a la ideología y programa propios el plus que lleva aparejado la función, un añadido de atención y respeto para con todos los ciudadanos de su "jurisdicción". Una persona y esa misma persona convertida en alcalde o diputado general, por ejemplo, no pueden o no deberían tener la misma perspectiva sobre la sociedad. El cargo lleva una carga de anchura en sí. El cargo obliga a sumarles a los principios y responsabilidades de las ideas propias los principios y responsabilidades de lo público y del interés general.
En este sentido, actuar como Martin Garitano y como diputado general de Gipuzkoa no debería ser (exactamente) lo mismo. Y creo que lo es. Confieso que al señor Garitano le veo poco el cargo. Le veo actuar poco en nombre del interés general, expresar poco los principios de lo público, dirigirse insuficientemente al conjunto de los guipuzcoanos o a Gipuzkoa en su conjunto. Le veo, por el contrario, dividir, distinguir, preferir estruendosa, escandalosamente a las familias de los presos frente a las víctimas de los terroristas. Las imágenes -recogidas por los medios de comunicación en sus recientes visitas a Vitoria o Loiola, por ejemplo-, las imágenes de saludo a las primeras contrastan brutalmente con la ausencia de gestos hacia las segundas. Le veo también jerarquizar estruendosa, escandalosamente a las víctimas de ETA por la geografía: las víctimas catalanas han sido "más que un error" ha afirmado y "debemos un respeto especial a las víctimas en Cataluña".
Le veo excluir de la exigencia del presente el dolor que el terrorismo ha causado y ponerlo a distancia -se trata, en su opinión, de un dolor ajeno- y poner además ese sufrimiento en duda o en equilibrio con el de los terroristas: "Habrá un día en que todos tengamos que reflexionar sobre lo que ha pasado y sobre el daño que se haya podido padecer y cometer, pero no estamos aún en ese tiempo; todavía estamos saliendo de este conflicto".
Como persona lamento que el señor Garitano considere que no ha llegado el momento de encarar la destrucción y el sufrimiento ocasionados por los terroristas, ni de asumir el alcance de las responsabilidades de quienes, como la izquierda abertzale, han tratado de un modo u otro de legitimar la primera y negar o despreciar lo segundo. Lamento que siga considerando a ese dolor ajeno y equiparando a las víctimas con sus verdugos. Pero, como ciudadana, considero inaceptable que posturas así se mantengan y se expresen desde un cargo público y escalofriante la perspectiva de un diputado general, con todos sus recursos y responsabilidades, de un diputado general ajeno al dolor.
Aparecido en la edición vasca de El País el 29 de agosto de 2011.
'Adiós con el corazón'
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- Written by María Eugenia Salaverri
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Adiós. Agur. Se acabó. Todo termina, amigos. Admitámoslo: ¡Lo hemos pasado de miedo y si estas fiestas no existieran deberían inventarse, porque son estupendas! Y al acabar la Aste Nagusia muchos sentimos la tentación de dejarnos embargar por la nostalgia -no sólo van a embargarnos los bancos, ¿no?-, pero debemos sobreponernos y buscar otro final, a poder ser menos lacrimógeno que un bolero de Dyango.
Ha sido una semana larga. Hemos hecho "¡Ohhh!" ante las palmeras de los fuegos; nos han dado escobazos en el tren de las barracas; hemos comido con la ansiedad de un condenado en el corredor de la muerte; hemos reído en el teatro y con los amigos, y hemos sacado el abanico y el paraguas varias veces. Y, entre tantas emociones, también hemos añorado mucho a quienes ya no están haciendo el tonto con nosotros.
Las fiestas han sido pacíficas y amables. Y hemos comprobado un año más que nuestros mejores rituales se siguen desarrollando como en las series de televisión inglesas, arriba y abajo. Arriba, en Abando e Indautxu, claro. Abajo, en El Arenal y aledaños. Por medio están Ledesma, Pozas, García Rivero, los Jardines de Albia, Pío Baroja, donde también podríamos decir, como el poeta: "Confieso que he bebido".
Han pasado muchas cosas. Hemos hecho amigos nuevos y hemos recuperado otros que hacía tiempo no veíamos. Hemos asistido al cambio de indumentaria de los hombres maduritos en ciertas terrazas. Antes vestían tan sobrios que parecían invisibles y ahora van como pavos reales. ¡Qué pantalones fucsias, qué camisas turquesas, qué rayas, qué cuadros, qué náuticos! ¡Ni Matisse, en su etapa más fauvista, se hubiera atrevido a tanto! Pero tampoco en las txosnas se andan con bobadas: por allí se ven ángeles con alas, guerreros interestelares, romanos, grouchos, boas de plumas, pelucas Marilyn...
Como dicen en los culebrones: fue lindo mientras duró. Ahora toca resignarnos y empezar la temporada como Dios manda: coleccionando chorradas, como cada septiembre. Yo ya me he apuntado a la promoción de casitas de muñecas: por 2,95 euros dan el fascículo y un minibidet precioso. ¡El que no se consuela es porque no quiere!
Aparecido el 29 de agosto en la edición vasca de El País.
'Si bebes, no te luzcas'
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- Written by María Eugenia Salaverri
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Esto ya se está acabando y más de uno lo celebrará en secreto. No, no me refiero a los vecinos que viven en el recinto festivo y no han pegado ojo en días y días -son fácilmente identificables: tienen unas ojeras como un oso panda y muerden cuando se les habla-. Yo hablaba de otra clase de damnificados por las fiestas: los políticos, que en estas fechas han trabajado -llamémosle así- más que todo el resto del año.
La jornada de un político bilbaíno en la Aste Nagusia es maratoniana. Desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la noche, no para de ir y venir en busca de fotógrafos, cámaras y radios, para exhibirse sonriendo y mostrar lo simpático y campechano que es. El político, sea del partido que sea, está en todas partes: participa en concursos gastronómicos, asiste a los toros y al teatro, oye conciertos, va a las barracas... ¡pero si dicen que hasta pillaron a uno intentando colarse en el Gargantúa, para escándalo de los niños que esperaban!
Esto les crea una ansiedad y un estrés que estalla por algún sitio y a menudo acaban como Bob Esponja, pero empapados en priva. Y desde que los teléfonos móviles graban videos y hacen fotos, eso es peligrosísimo. Los móviles están haciendo más por el puritanismo, que todas las soflamas de Ratzinger y sus acólitos. Porque una cosa es hacer el gamba con amiguetes, de madrugada, y otra muy distinta es que al día siguiente todo pichichi se parta la caja viéndote hacer el ridi en la Red.
Sé de un concejal que está acongojadísimo, porque hace días subió a una barra del Arenal, katxi en mano, y se bailó enterita A quién le importa, de Alaska.
El hombre llevaba algo de sangre en el torrente etílico y cantaba feliz: "¡La gente me señala, me apuntan con el dedo, susurran a mi espalda y a mí me importa un bledo!" Le grabaron y resulta que sí: que quienes le han visto susurran muchísimo. Pero de importarle un bledo, nada. Al revés, ha ido muy contrito a decirle al jefe de su grupo parlamentario que mil campanas suenan en su corazón y que qué difícil es pedir perdón. Y tanto. Hasta que dejen de llamarle El Fangorio, el pobre pasará un calvario.
Aparecido el 28 de agosto en la eidicón vasca de El País.
'La envidia, la codicia'
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- Written by Pedro Ugarte
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La discoteca del magnate italiano Flavio Briatore en Ponte Cervo, una de las zonas más exclusivas de Europa, se llama Billonaire (ahí es nada) y de ella seis niñatos rusos huyeron hace poco sin pagar los 86.000 euros en champán que se habían bebido en esa noche. Nadie duda de la legendaria capacidad de ingesta de los rusos, pero la anécdota describe el nivel de Ponte Cervo, lugar donde dudo que lleve a mi mujer en nuestro próximo aniversario. Imagino la vida en Ponte Cervo, Montecarlo, Estoril o Puerto Banús, y comprendo que el mundo es radicalmente injusto. Leo sobre la vida de esa gente y me siento completamente indignado. A eso nos lleva el capitalismo, la codicia de los poderosos. Cada vez son menos los opresores y más los oprimidos. Cada vez los ricos son más ricos mientras que aumentan las masas de los desheredados.
Yo leo sobre los ricachones desde la terracita de mi casa de verano en La Rioja. Es un piso en una urbanización pequeña, con garajes, trasteros, zona verde y piscina. Algo muy distinto al lujo de los billonarios de Briatore. Hago un repaso sociológico de las parejas que frecuentamos este infierno: el comercial que vende envases y su mujer que está en el paro; el empleado de la empresa de ascensores y su mujer que es dependienta; el ertzaina y su mujer que es señora de la limpieza; en fin, el abogado, el albañil, el gruista... Por mi parte, llevo años rezando por que el sueldo de mi mujer alcance a un mileurista, lo cual necesitaría actualizar ya el IPC de los próximos cien años.
Desde mi terraza, mientras tomo un vermú con gotas de angostura, mientras oigo los chillidos de los niños que juegan en la piscina, y la charla de las señoras maduras, que toman el sol con los tirantes del bikini desatados, pienso en la insultante vida de los ricos. Flavio Briatore, Porto Cervo, los yates, los fastos, las fiestas, las orgías, un hedonismo tan obsceno que casi, casi, podría compararse al de los sacerdotes papistas, instalados (dice la prensa avanzada) en un orgasmo permanente de placer, de poder y de riqueza. Sí, dan asco tantas desigualdades. Y mientras tanto nosotros aquí, trabajadores oprimidos de la Tierra. De pronto pienso que los filósofos de tercera hablan mucho de la codicia, pero nada dicen de la envidia. Será porque no existe.
Mi indignación se acrecienta ante las fotos de esos asquerosos millonarios. Briatore: qué cara de no haber pasado hambre. Y nosotros penando, padeciendo, sufriendo, en pueblos mesetarios de clima cálido y vino generoso, o en las mismas fiestas de Bilbao donde, en fin, la gente agoniza. Cierro el periódico con el gesto de violencia y tosquedad de un indignado. Oprimidos de la Tierra, víctimas de esos privilegiados que gastan miles de euros cada noche en Porte Cervo. Me siento rebelde y clamo por que al fin haya justicia. Esta tarde tenemos, a orillas del Oja, barbacoa.
Artículo aparecido el 27 de agosto en El País.
