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Memorias XI Jornadas Autor

Programa Idazleekin Solasaldiak

Fernando Aramburu en 'El Correo'

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Parent Category: Noticias
Published: 16 February 2012

Fernando Aramburu (escritor) ha prestado su barrio y los recuerdos de infancia a 'Años lentos', su novela más reciente y último Premio Tusquets. La historia, ambientada en San Sebastián durante los sesenta, está contada desde la mirada de un niño que llega a una ciudad bajo la grisura franquista, pero en la que ya se incuba el fenómeno etarra. El escritor guipuzcoano protagoniza hoy (20.00 h.) un encuentro del Aula de EL CORREO en el que conversará con el historiador Fernando García de Cortázar. El acto, que tendrá lugar en el Salón El Carmen de Bilbao, cuenta con la colaboración de Tusquets Editores.

- Dibuja una sociedad dócil, una población que no se cuestionaba el régimen.

- Existía un férreo control y una paz impuesta. La gente se dedicaba a lo suyo, no estaba politizada. Era una época en la que pasaban pocas cosas, muchas menos que ahora. Yo así lo recuerdo, aunque a finales de los sesenta ya se percibía la decadencia de la dictadura y el torbellino político que se avecinaba.

- La novela tiene un planteamiento de comedia que se agria a medida que se desarrollan los acontecimientos

- No es deliberado, sino que se trata de una manera de entender las cosas. Estamos inmersos en una realidad con diferentes colores y yo tengo una tendencia natural hacia el humor, excepto cuando trato el dolor ajeno. Tengo una visión entrañable y ridícula de nuestra experiencia humana.

- «Me lo había imaginado diferente». Es lo que confiesa un personaje que se integra en ETA cuando emprende una penosa huida. ¿Eran ingenuos los terroristas?

- Recuerdo que se hablaba de vecinos que habían huido a Francia con un cierto halo de mitificación. Cuando Julen se aleja del barrio, se diluye, no sabemos por qué vuelve del exilio y ese misterio se abre a la interpretación y conjeturas del lector.

- El regreso del militante caído en desgracia ante sus antiguos compañeros evidencia la hostilidad ambiental, una ley de acoso y silencio que sustituye a la anterior pasividad ante la dictadura.

- Guardar silencio y no ponernos en peligro es una reacción que se encuentra en el instinto animal. Cuando Franco estuvo en el poder contestar era peligroso, a uno lo maltrataban en comisaría, así que los primeros atentados contra el régimen generaron simpatía porque sentimos que nos podían liberar. Pero cuando se dirigen contra personas sin vínculos con la dictadura se vuelve doloroso y triste.

- En su novela, el cura del barrio ejerce una influencia decisiva sobre los más jóvenes, los adoctrina políticamente. ¿Hubo sacerdotes que gestionaron mal su ascendiente sobre los fieles?

- Hablamos de una figura de ficción inspirada en otras que existieron, personas que en vez de difundir la palabra de Dios, anteponían la ideología al amor del prójimo, que no actuaron en función de la moral cristiana.

- ¿Existe el riesgo de que se dé carpetazo al pasado, una tentación favorecida por la pesadilla de la crisis económica?

- Algunos que han sido agresores pueden pensar que lo mejor es levantar la alfombra y meter dentro todo lo lamentable, una solución muy negativa para el objetivo de construir una sociedad pacífica. Quien detenta el poder tiende a remodelar la historia, pero algunos escribimos para que quien quiera simplificar o negar no lo tenga fácil.

- ¿Cree factible que se pida perdón?

- Sería muy positivo que todos esos que usaron pistolas pidieran perdón y garantizaran que no van a ampliar nunca más el dolor causado. No es fácil, exige valentía mirar a los ojos de viudas, huérfanos y mutilados, una dimensión humana que no se ha tenido cuando se han empuñado armas.

- ¿Sigue manteniendo que los escritores en lengua vasca permanecen cautivos?

- En ese artículo que menciona se desvirtuaron mis declaraciones y la mitad de mis reflexiones no aparecieron. No quise ofender a nadie. Es evidente que algunos no fueron libres, que llevaron escolta, que hubo crímenes y se quemaron librerías, y que otros se situaron en zonas de silencio. Lo extraño es decir lo que se quiere cuando impera el terror.

Procede de El Correo.

Poesía Visual en la Casa del Cordón de Vitoria

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Parent Category: Actividades
Published: 16 February 2012

Juan Bas trae 'Ostras para Dimitri'

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Parent Category: Noticias
Published: 15 February 2012

Ostras para DimitriSerá el jueves, día 16 de febrero, a las ocho de la tarde, en la sala de la cúpula del teatro Campos Elíseos, (calle Bertendona, 3) en Bilbao. La presentación correrá a cargo del escritor Fernando Marías. La entrada es libre y sin invitación. Para abrir boca, una breve sinopsis: "Pacho Murga, señorito bilbaíno pijo y amoral, muy venido a menos (que ya protagonizó las exitosas novelas Alacranes en su tinta y Voracidad), cumple condena en la prisión de Salto del Negro. Allí conoce a Dimitri Urroz, un personaje ambiguo y explosivo, mezcla de ruso y navarro, que se convertirá en su protector y le complicará la vida en una aventura itinerante con escalas en un surrealista marco rural del norte de Navarra y el Moscú más excesivo. El tema de la novela, la permanencia de la culpa y su imposible exoneración, se articula a través de una trama oculta que se va revelando poco a poco, al igual que sucede con la traición, hasta un desenlace afilado como el borde de la concha de una ostra.
Ostras para Dimitri es una novela de Juan Bas, lo cual quiere decir que el lector se encontrará con una arriesgada y conseguida mezcla de novela negra, esperpento picaresco y tragedia. Presidida, como siempre es seña de identidad del autor, por un elaborado sentido del humor ácido y negro.
Ostras para Dimitri, absorbente, ligera y a la vez profunda, es la novela de madurez de un personaje y de un novelista con mirada y estilo propios."

Aramburu-Savater: teoría y práctica de la presentación de un libro

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Written by Francisco Javier Irazoki
Parent Category: Noticias
Published: 14 February 2012

Juan Cruz (El País) cuenta cómo fue la presentación del libro de Fernando Aramburu en Madrid:

Para presentar un libro hace falta, es obvio, un buen presentador. Y conozco pocos mejores que Fernando Savater; es más, lo conozco desde 1972, y desde entonces nunca falla. Es directo, se ha leído el libro, es capaz de resumirlo en un segundo y muestra afecto por el autor. En segundo lugar, y no siempre en primer término, el libro ha de ser bueno, el editor tiene que confiar en él. Es más, el editor debe acompañarlo, estar ahí con el libro y con el autor; eso es imposible de eludir: si el editor no está la audiencia se inquieta. Si él no vino, ¿a qué venimos nosotros?

El libro es bueno, en este caso, muy bueno; lo dijo Savater. Es más, lo dijo al principio y al final. "Me ha gustado mucho". Se notó. Claro, el autor es Fernando Aramburu, el libro de éste es Años lentos, premio Tusquets de novela, y lo presentaban, con la audiencia colmada, en la nueva Fnac, en Castellana, 79, Madrid, un sitio que me gustó mucho: sillones sin respaldo, de colores variados y muy vivos, lo que le daba el aire de sala de estar de un colegio mayor suizo o sueco. Y estaban los editores, claro, la directora de Tusquets, Beatriz de Moura, que da serenidad a los sitios (y a los autores), Juan Cerezo, editor, Natalia Gil, responsable de comunicación...

Todos esos elementos, es decir, esas personalidades, son fundamentales en el conjunto de una presentación. Al autor le da confianza, al auditorio le da certeza de que está asistiendo a una apuesta, y en general se consigue un ritmo que no es posible si alguno de esos elementos está ausente.

¿Y el libro? Ah, eso es lo fundamental. El escritor mexicano Gabriel Zaid acuñó una expresión ("hay que poner el libro en la conversación de la gente") que muchos copiamos: un libro ha de poner a la gente a conversar, tiene que ser materia de recuerdo y de discusión. Y este Años lentos marca ese ritmo: da para conversar. Savater fue muy veloz: la portada del libro, un paisaje nublado y lluvioso de San Sebastián es el marco en el que él (esa misma mañana de la presentación, por cierto) había hecho su caminata diaria... Y los años, el 68 de Donosti, tiempo en que se desarrolla la novela, le desata a él tantos recuerdos como al autor. Y Aramburu tomó aquel tiempo como su tiempo propio pero también como el tiempo de la ficción: habían matado al primer guardia civil que asesinó ETA y comenzaba en Euskadi un tiempo de niebla espesa, de plomo en las alas de un país que ya no se ha levantado feliz una mañana... O sí, pero olvidando.

Pero no es una novela sobre Eta, ni mucho menos, Aramburu reiteró varias veces esa convicción, alivió a la gente que estaba presente de la posible sensación de que otra vez el terrorismo agarrara el centro de un libro para monopolizarlo con su viscoso recuerdo. No, no es sobre ETA, es sobre las personas que vivieron aquel tiempo, cómo aquella vida fue afectando a cada una de esas personas, cómo era la Donosti que fue viendo el muchacho Aramburu, que en 1968 tenía ocho años.

La conversación fue en algún momento hacia el terreno de las técnicas literarias, pues el libro está sembrado de ingeniosas revueltas sobre el estilo y el recuerdo como materiales del escritor: es, por así decirlo, un libro que a veces se desnuda y deja ver la maquinaria en ejercicios que revelan el humor donostiarra (y alemán, desde hace veinte años Aramaburu vive en Alemania, le gusta la manera de razonar de los alemanes, su mujer es alemana) del escritor, de apariencia silenciosa como los donostiarras de adentro pero, en cuanto se le da materia, locuaz y sencillo, un buen interlocutor para el torrencial Savater, que en un momento determinado se puso a escuchar. A veces apuntaba cosas. Dijo: "Voltaire decía que contarlo todo es el primer paso para ser aburrido".

Aramburu estuvo de acuerdo. Además, indicó Savater, no es suficiente con contarlo todo. Aramburu dijo algo que nadie confiesa en las presentaciones: que cuando acaba de escribir se lo pasa a otros; "desconfío de mi mismo, así que les pido a los amigos que me digan en qué me he equivocado". A esas alturas el autor hacía rato que se había ganado al público, de calle, de modo que pudieron haber seguido horas a pesar de que los asientos no tenían respaldo... Pero le hicieron caso a Voltaire, y a su embajador en la tierra, Fernando Savater, y no lo contaron todo. Pues todo está en el libro.

Ah, y al acto fueron autores y periodistas. Estaban Nuria Azancot y Blanca Berasategui, de El Cultural. Y había al menos un autor, Rafael Reig, que ganó el premio Tusquets del año pasado. Y vi a varios editores. Y estas presencias (periodistas, autores, editores) sí que es excepcional en la presentación de un libro. Que lo sepa Aramburu, que vive en Alemania.

Contra el cliché

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Written by Luisa Etxenike
Parent Category: Colaboraciones
Published: 12 February 2012

Innumerables son las reescrituras literarias y cinematográficas que se han hecho de los cuentos de hadas. Y no me refiero a las simples versiones más o menos adaptadas al público infantil o el gusto de los tiempos, sino a las reescrituras verdaderamente críticas que se sirven de la parodia para clarear por debajo de esas tramas de princesas y príncipes azules, la estrategia mucho menos dulce e inofensiva que contienen esas historias y que consiste en perpetuar en las relaciones de pareja el sistema y el reparto de roles que dicta el sexismo más tradicional. Y para evidenciar también que esa estrategia se sustenta en un sofisticado entramado de símbolos, estereotipos y clichés de género.

Dice el escritor británico Martin Amis que un prejuicio es “un odio de segunda mano”. Me parece pertinente y valiosa esa definición que subraya todo el peligro que encierran los prejuicios, todos los destrozos que presagian. Y creo que conviene mantener los dos extremos juntos: la denuncia del cliché y la alerta máxima contra el prejuicio, porque a éste se llega o se empieza a menudo por aquel. O si se prefiere, los clichés, estereotipos, lugares comunes son umbrales o antesalas de los prejuicios porque contienen en germen aquello de lo que el prejuicio se alimenta en fruto: reduccionismo, desatención, anestesia de la curiosidad y la soltura de pensamiento.

Estamos en vísperas de San Valentín, es decir, sumidos ya en ese alarde de estereotipos amorosos, de romanticismo como de cuento de hadas, que acompaña cada año a esa celebración. Y aunque se observan algunas actualizaciones en la manera de abordar el asunto, éstas son mucho más de formato que de fondo. En fin, que la oferta de regalos, detalles y atenciones se adapta a las nuevas aplicaciones de tecnología y comunicación pero para transmitir mensajes de siempre, apoyados en construcciones de género convencionales, en repartos de roles tradicionales; en clichés de toda la vida. Y sin ningún cliché me parece fiable los de género me resultan los menos de fiar. Porque en un cliché no hay argumento para el cambio sólo alimento para que las cosas permanezcan como están.

Y ya sabemos cómo están las cosas para la condición femenina. Sabemos que bajo el enunciado formal de la igualdad de derechos circula, como en los cuentos de hadas, un segundo relato: el de la desigualdad (salarial, de reparto de las tareas domésticas y de cuotas de poder…) en la aplicación y disfrute de esos mismos derechos. Que la violencia contra las mujeres no cesa ni en intensidad —son nueve las asesinadas ya en lo que va de 2012, en uno de los peores arranques de año que se recuerdan— ni en alcance: se extiende significativamente a las nuevas generaciones. Que ni uno ni lo otro ocupan, como creo que deberían, el centro del debate democrático; sino una periferia de preocupaciones estereotipadas y de tratamientos cliché, definitivamente superados, caducados, por los acontecimientos.

Aparecido en la edición vasca de El País.

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