Nuevo libro de Ascensión Badiola
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Otra buena noticia. A partir de abril tendremos entre las manos la nueva novela de Ascensión Badiola. 'Martina, guerrillera' supone una nueva incursión de la escritora vasca en la novela histórica. Basada en una historial real, Badiola glosa la vida de Martina Ibaibarriaga, natural de Berriz y vecina de Bilbao y de Oña, y que se echó al monte, como un hombre más, para combatir a las tropas de Napoleón. La editorial Txertoa editará la novela durante la próxima primavera. De momento nos quedamos el booktrailer.
http://www.youtube.com/watch?v=rL9hJeRmRKA
La mirada de Julia Otxoa
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Hoy más que nunca, el escritor es un artista inquieto y curioso que investiga las posibilidades literarias en otros formatos. Lo acabamos de comprobar con el trabajo de Mikel Alvira sobre lienzos y bolsos que aún se puede visitar y lo hemos visto también en el entorno de las redes sociales. Por supuesto, la escritora Julia Otxoa ha cultivado esa inquietud polifacética y curiosa desde hace mucho tiempo más allá de modas y conveniencias.

La revista Visión, en su número de Diciembre de 2012 ha dedicado un reportaje sobre la parte gráfica de Julia Otxoa, donde se destca su producción de poemas visuales. Imágenes con fuerza que usan objetos cotidianos que dota de nuevas lecturas. Además, en la web de esta publicación Otxoa habla también de su producción gráfica con una muestra de sus trabajos.
Semana poética
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Esta semana se presenta interesante sobre todo a nivel poético. 'Palabras al vuelo', es un programa de actos que recorrerá desde el 12 al 17 de febrero diferentes aristas o matices del lenguaje poético. El evento está organizado por el aula de Cultura Koldo Mitxelena. A lo largo de esos días, se espera la presencia del poeta navarro Javier Irazoki, concretamente el 14 y el 15, y también de Asier Serrano, Mariluz Secilla, Castillo Suárez, José Blanco y Luis García Montero. Otro punto interesante a apuntar en nuestras respectivas agendas es la presentación del nuevo poemario de Pedro Tellería. Será el 13 de febrero en Vitoria. El también poeta Kepa Murua hará las veces de introductor de 'Los pasos del nómada' en el museo de Bellas Artes de la capital vasca. El evento, en el que también se recitarán poemas de la nueva obra comenzará a las 19:30 horas.
¿Síndrome de Diógenes?
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- Written by José Serna
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Estamos acostumbrados a hablar de Diógenes como un ser que vivió en un tonel en el que guardaba lo único que consideraba imprescindible. Y que tenía aquella casa porque la podía transportar a donde quería. Decimos que tienen síndrome de Diógenes aquellas personas que guardan en casa cosas, muchas cosas, la mayor parte de ellas inservibles, que además pueden encontrarse en malas condiciones y provocan una situación que puede ser susceptible de perjudicar la salud de las personas que viven en esa situación. De vez en cuando, encontramos una noticia en el periódico que informa sobre una persona a la que los servicios sociales han hecho el favor de limpiar su casa de cosas inservibles, de basura, para que pueda sobrevivir. Todo por su bien. Si extendemos la parábola a nuestra madre Tierra quizá podamos identificarnos porque la estamos llenando de tanta porquería, de tantas cosas inservibles, que deberíamos crear un servicio social de conciencia colectiva que lo evitase. Pero eso es ya otra historia.
Sin embargo, en estos días, resulta más interesante la actitud del filósofo griego en otra disposición más provocativa aún para nuestro tiempo. Diógenes recorrió las calles de Atenas con un farol, con una linterna encendida y se dirigía a la gente, desesperado, porque decía que no encontraba una sola persona justa, honesta, con un sentido ético de la vida. Ese síndrome de Diógenes, esa preocupación por encontrar una persona honrada, no nos interesa.
Vivir en la mentira es nuestro deporte. Resulta que hay países en los que muchas personas jóvenes no tienen acceso a la educación y tienen un índice alto de analfabetismo. La corrupción puede encontrarse muy extendida entre sus clases dirigentes, no analfabetas, pero que no tienen la honestidad y la capacidad de solidaridad de aquellas personas a las que se considera ignorantes. ¿Dónde se encuentra la mayor de las ignorancias?
Aquí, en nuestro contexto, las clases vinculadas a la partitocracia no parecen ser analfabetas en lo que llamamos conocimientos, pero lo son desde el punto de vista moral. El problema es que también se encuentra en esta situación una población muy amplia que ha pasado por procesos educativos más o menos acertados pero ha llegado a unos niveles que permiten hoy a cualquiera juzgar y despreciar al resto.
Se desprecia y se juzga a generaciones anteriores, y a los progenitores actuales, a quienes se considera menos formados. Pero esos juicios no se hacen con justicia, porque a veces se intenta realizar dicho análisis sin ver más allá de la nariz y muchas personas se preocupan solamente por lo suyo, por lo que gusta. ¿No es eso una manifestación de ignorancia? ¿Tenemos una visión moral del mundo? Juzguemos con dureza a aquellos miembros de la clase política que han dejado los pelos en la gatera, pero miremos también nuestro ombligo y los de nuestro alrededor. ¿Encontraría Diógenes muchas personas con su linterna de fuego?
Lo triste es que los parlamentos, las sedes de los partidos políticos, que es desde donde se debe pulir y dar esplendor a la justicia, no son estancias donde Diógenes encontraría muchas personas con sentido de la honradez y de la justicia. Cuando se habla de que son los sabios quienes deben gobernar, no se está planteando que dirijan un país quienes más títulos universitarios tienen, sino quienes mejor saben distinguir los límites entre el bien y el mal, quienes tienen mayor sentido ético. Claro que insinuar que no existe el bien o el mal, o presumir incluso de amoralidad, es un ejercicio de superficialidad intelectual que nos ha traído estos lodos. Sabemos mucho sobre el más avanzado experimento realizado en cualquier latitud, pero aún nos cuesta entender lo que verdaderamente aporta dignidad a una sociedad y al ser humano.
Menos mal que sigue habiendo núcleos significativos de personas y de colectivos con los que Diógenes habría podido sentarse porque habría encontrado el sentido de la honradez, que es consecuencia de los valores éticos. El derecho, a veces, consigue que una determinada justicia ponga diques a las agresiones y a los latrocinios, pero un conocimiento exhaustivo de los vericuetos legales para burlar a la justicia también nos lleva a identificar tristemente lo legal con lo moral.
Sufrimos un analfabetismo ético, a pesar de esa pinta de sabiduría que imprime a muchas caras el photoshop mediático. El conocimiento ético es el germen de la sabiduría, que no es otra cosa que elegir constantemente en libertad y poner la luz en la herida para curarla, no para hurgar en ella y hacer más daño.
Nos asusta ver la basura amontonada en nuestras casas o en los lugares públicos y nos asusta quien se acostumbra a ella, pero no tenemos miedo a convivir con esta otra incoherencia interior que pone oídos sordos a "no mentir, no robar, no matar, no hacer a otras personas lo que no deseo que me hagan a mí", y no queremos que venga nadie con su linternita, aunque sea de fuego, para dar la vara.
Artículo publicado en el diario Deia el pasado sábado 9 de febrero. La imagen corresponde al cuadro 'Diogenes' de John William Waterhouse.
Radio París
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Paseo por los cafés literarios de París. Los principales -La Closerie des Lilas, Les Deux Magots y Flore- se encuentran situados en el distrito 6 de la ciudad y empezaron a cobijar talentos en el siglo XIX. El visitante sabe que ahí se guarda la memoria de una bohemia creativa. La Closerie des Lilas, ahora transfomado en restaurante y piano-bar, era el sitio en que se reunían los escritores naturalistas como Zola, los simbolistas de Baudelaire, los solitarios de Apollinaire. Fue también el lugar donde Jarry disparó a un espejo y Lenin preparó estrategias revolucionarias en partidas de ajedrez que disputaba contra el poeta Paul Fort. Sentado en el extremo ideológico opuesto, Pound compuso parte de sus Cantos. Pronto llegarían los surrealistas de Breton y la vanguardia pictórica. Después lo frecuentaron Beckett, Ionesco y los compañeros de su teatro del absurdo y los bebedores americanos escasamente santos (Fitzgerald, Hemingway). Los consumidores buscan en las mesas de madera los nombres de los artistas escritos en placas metálicas.
Los otros dos cafés están unidos por una decena de pasos. A Les Deux Magots acudían, con sus tormentas visionarias, Rimbaud, Verlaine y Mallarmé. Queneau, Leiris y Bataille se citaban en el Café de Flore, que tuvo dos clientes casi inamovibles, Beauvoir y Sartre, quienes durante décadas apenas pasaban unas horas diarias en su propio domicilio. Trabajaron, comieron, conspiraron entre ruidos populares y calefacción gratuita. Los tres recintos son instituciones que otorgan anualmente sus premios de literatura. Y nunca falta el turista silencioso que celebra algún homenaje con la lectura de unas páginas en las penumbras interiores.
Artículo publicado el pasado 8 de febrero en El Cultural.
