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Colaboraciones
15
Mar
2011
Contrarrelato
Escrito por Luisa Etxenike   

Escribió Kafka que un buen relato tenía que ser como un hacha contra el mar de hielo que hay en nuestro corazón. Si llevamos esta cita al corazón de la sociedad y al estado de la condición femenina, vemos que el hielo persiste y que no hay relato que haya conseguido partirlo aún. Convivimos con él la mayor parte del tiempo como si fuera una materia perfectamente transparente, esto es, invisible. Sólo en ocasiones, por ejemplo cada ocho de marzo, el hielo se tinta de datos, estadísticas, sombrías constataciones varias, y revela su auténtica naturaleza. Este año no ha sido una excepción. Hemos vuelto a poner al día los mismos contadores y a recordar que las mujeres por un trabajo igual cobran, entre nosotros, de media un 28% menos que los hombres; que las tareas domésticas y de cuidado siguen siendo esencialmente cosa suya; o que la violencia de género no sólo no retrocede sino que se enquista y hasta va a más.

Apagados los focos del ocho de marzo, los dichos y los hechos van a volver a su rutina; y el hielo, el cascote polar de las discriminaciones de género a su ser. Y entiendo que, por ello, también forma parte del hielo la afirmación, mecánica y retórica ya a estas alturas, de que "hemos avanzado mucho" en el terreno de la igualdad de las mujeres. Esa afirmación es un contrarrelato en el sentido más kafkiano del término; es todo lo contrario de un hacha capaz de girar el rumbo social, de conmoverlo. Porque, ¿desde cuándo o desde dónde hay que empezar a contar para apreciar que efectivamente hemos avanzado? Si es desde la Edad Media, sin duda (aunque haya mujeres en el mundo reducidas aún a esa época). Si es desde los años en que todavía no votábamos, desde luego (aunque hay infinidad de mujeres en el mundo sin posibilidad de voz y voto). Si es desde antes de la invención de la píldora o el acceso a la universidad o la incorporación masiva, significativa al mercado laboral, ciertamente (aunque a un número escalofriante de mujeres de este mundo global se les niegue aún el derecho a educarse, a trabajar en consecuencia o a decidir sobre su cuerpo). Y podríamos seguir marcando hitos que, de todas maneras, quedan ya bastante atrás.

Hace tiempo que ya no se puede hablar, en nuestras sociedades, de avances significativos. Basta con comparar los datos del último ocho de marzo con los publicados el año pasado o el anterior, o con los de hace cinco años o diez o quince. Hace tiempo que contra el hielo de las discriminaciones de género no chocan instrumentos o convicciones con verdadero filo, auténticas hachas kafkianas. Hace tiempo que esa dura cubierta sólo recibe, como si se tratara de una puerta cualquiera, golpecitos, tamborileos. Y a veces ni siquiera eso. Lo que explica que no haya avances rotundos, definitivos; que, incluso, se pierda terreno y además a ojos vista. Y estoy pensando en el creciente desparpajo con el que sexismo se exhibe en los multimedios de mayor (ellos sí) impacto.

Artículo publicado por Luisa Etxenike en la edición para el País Vasco de El País.

 
12
Mar
2011
Tabaco y velocidad
Escrito por Mila Beldarrain   

Me siento menos que una colilla, no, menos que la lluvia de ceniza que salpicaba el traje de don Antonio Machado cuando componía versos mientras sacudía el cigarro sobre su hombro, mucho menos que un cenicero sucio y muchísimo menos que el cigarrillo olvidado con restos de carmín, sugerente y voluptuoso.

Y es que, a cuenta de la Ley Antitabaco, el Ministerio de Sanidad y la Consejería de Sanidad del Gobierno vasco se están haciendo un lío en su afán de prohibir fumar en las sociedades gastronómicas. Y ¿saben qué pasa?, pues que soy mujer y jamás vi en nuestras autoridades un talante así de empeñadito para prohibir la exclusión de las mujeres en esas mismas sociedades, y, la verdad, esta constatación me ha resultado muy inquietante. Y es que aún recuerdo a Pilar Miró, que al recibir el Tambor de Oro, máximo galardón donostiarra, no pudo celebrar el evento, como era tradición, en la Sociedad Gaztelubide, porque tenía prohibida la entrada.

Pero a lo que iba, el hecho es que, a día de hoy, ejercer el mando hasta el absurdo en el tema del tabaco se ha convertido en el asunto estrella del Gobierno, muy por encima de los grandes males que padecemos. Y así, como si no tuviéramos bastante con el deprimente espectáculo que nos ofrece, un día sí y otro también, la clase política, como si las noticias de robos y tropelías de nuestros dirigentes no fueran suficientes para quitar las ganas de votar al más entusiasta de los votantes, como si el aumento del índice del paro no fuera de tal enjundia que llevase a convocar un gabinete de crisis que no se levantase de la silla hasta dar con la solución, va y ahora nos enteramos de que la respuesta del Gobierno a la escalada del precio del petróleo, tras la situación que atraviesa Libia, va a ser rebajar el límite de velocidad en las autopistas, como ven una medida de gran calado que incide en el corazón del problema.

Pues miren, yo, y que me perdonen porque puedo resultar faltona, no sé si esos señores y señoras que nos gobiernan son tontos de remate o están afectados por algún síndrome extraño que gusta de hacer sus nidos en la clase política. Sin entrar en la bondad o no de la Ley Antitabaco, el tema chirría bastante teniendo en cuenta que el producto, que prohíben consumir en establecimientos públicos de titularidad privada, es un producto legal del que el propio Gobierno obtiene pingües beneficios. Por otro lado, en mi humilde opinión, el 'parche Sor Virginia' recetado para el ahorro de gasolina se presta al chiste fácil, mofa, befa y cuchufleta. Está claro que vamos a ahorrar en la comida del canario y que la medida no ahonda en absoluto en la realización de un proyecto que efectivamente resuelva el problema energético a largo plazo. En fin, que, entre unas cosas y otras, nos tienen contentos, al menos a mí.

Artículo de Mila Beldarrain aparecido hoy en la sección de Opinión de El Correo.

 
08
Mar
2011
'Impresiones plastificadas'
Escrito por Luisa Etxenike   

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo"; así comienza Cien años de soledad de García Márquez. Y el que en ese trance (del que finalmente se libra) Buendía se acuerde de aquella escena de cuando era niño habla de las imágenes que en la vida son fundacionales, que presenciamos una vez y luego nos acompañan siempre. Y muchas de esas imágenes o impresiones están conectadas con la infancia. Lo pensé el otro día, al pasar por delante de la exposición Human Bodies que ha recorrido distintos lugares del mundo y que en este momento se presenta en Irún. En ella se exhiben varios cuerpos y órganos humanos reales, tratados con una técnica de plastificación. Pasé por ahí y me acordé de Cien años de soledad, imaginando el efecto que una visita a esa exposición tendría en un niño de hoy, un niño que supiera o entendiera que lo que allí se expone como una obra o como una figura de plástico de tamaño natural es, en realidad, una persona. Iba a poner "fue" pero, ¿se puede poner "fue una persona"?

Imaginé distintos efectos, desde un temor cercano (el temor siempre lo es) hasta una distanciadora indiferencia, la misma que producen las creaciones animadas de los dibujos o los videojuegos, pasando por la incredulidad o la confusión entre la vida y la muerte. Ninguno de esos efectos me pareció apetecible, la verdad. En ninguno de ellos pude ver o recoger la noción de un "hielo" extraordinario, feliz, liberador como el de la novela de García Márquez; sólo se me representó la sensación de lo helador.

Los organizadores de la exposición insisten en subrayar su carácter exclusivamente didáctico, en verla como un excelente instrumento para conocer a fondo el cuerpo humano. No sé si realmente, con los medios pedagógicos y tecnológicos hoy a nuestro alcance, necesitamos unas momias plastificadas para hacernos una idea cabal de dónde residen, por ejemplo, el cerebro y el corazón humanos. Pienso más bien que ese estatismo en la postura y esa plastificación pueden reforzar o completar la "pedagogía" que ya difunden muchos productos multimedia destinados a los jóvenes, y que consiste en representar personas como cosas, como muñecos, como pretextos para un juego o trama, mayormente de batalla.

En cualquier caso, y por reconocerle una dimensión didáctica a Human Bodies, creo que nos enseña que nuestra reactividad social anda también algo o bastante plastificada. Porque en otros países donde se ha presentado la exposición ha venido acompañada, como mínimo, de un debate; se ha hablado y discutido de su cómo, su porqué y su para qué. Entre nosotros este debate social no se ha producido, y me parece deseable que se produzca: que esas imágenes plastificadas de lo humano se sometan a la materia viva, pensante, de un contraste.

Artículo de Luisa Etxenike aparecido ayer en la edición vasca de El País.

 
06
Mar
2011
'Tiempo de Adviento'
Escrito por Pedro Ugarte   

Artículo aparecido ayer en la edición vasca de El País y firmado por Pedro Ugarte:

Seguramente nos asusta su advenimiento, pero hay que hacerse a la idea. En contra de lo previsto, a Euskadi llega la paz. Suena raro; la paz nos va a coger desprevenidos y, todavía peor, al principio no sabremos cómo usarla. Pero está ahí, a la vuelta de la esquina. Nadie nos explicó el sonido del universo sin la percusión constante del conflicto (el célebre Conflicto) retumbando en nuestras cabezas.

¿Cómo será vivir sin revivir a cada rato la épica latosa del pueblo vasco? ¿Cómo serán los políticos reducidos al papel de gestores del presupuesto público? ¿De qué hablaremos tertulianos y articulistas? ¿Cómo se vivirá en ciertos pueblos del Goierri sin la expectativa de un nuevo sábado recorriendo la calle Autonomía de Bilbao detrás de una pancarta?¿Cuántos héroes de tercera tendrán que explicar, de pronto, qué escribieron, sobre qué investigaron, a qué se dedicaron durante estos largos años? Se abre ante nosotros un abanico de sensaciones inéditas; hablar un idioma sin que ello importe una adscripción política. O todavía más: hablar un idioma sin que la señora del ascensor se apriete el bolso bajo el brazo -en serio, me pasó el otro día-. Imaginen unas elecciones forales en que el debate entre los candidatos sea el peaje de las autopistas, el tipo del IRPF o las desgravaciones por tercer hijo. Sí, parece imposible, pero cuando la paz haya llegado los candidatos tendrán que ocuparse de esas cosas. O todavía más, si ya lo hacen, les juzgaremos por eso, y no por compartir o no con ellos cierto imaginario. Nos tienen distraídos, ausentes, pero eso se va a acabar.

 

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04
Mar
2011
Irazoki en 'Radio París'
Escrito por Alex Oviedo   

Artículo de Francisco Javier Irazoki aparecido en la sección 'Radio París' que edita 'El Cultural' de El Mundo:

"Fue a finales de los años cincuenta del siglo XX. Mi hermana, en medio de un paisaje verde, lloraba mientras recorría un camino de tierra. Enseguida me describió las burlas padecidas en el colegio. Ella se expresaba en el euskera que nuestros padres nos enseñaron, y sus compañeros se reían. Persona enérgica frente a las humillaciones, no tardó en preparar una estrategia. Para que yo, más joven y menos valiente, no sufriera, me hizo aprender sin ira el castellano y sentí que con cada nueva palabra recibía un escudo. Así construí el muro detrás del cual Jorge Luis Borges, César Vallejo, María Zambrano o Luis Cernuda me regalaron libertades. Comprendí que aquel refugio significaba igualmente una apertura.

Al poco tiempo, la democracia trajo deseos justos de recuperar los idiomas apartados por el franquismo. Como la intransigencia suele aprovechar bien los entusiasmos repentinos, entre algunos supuestos protectores del euskera no faltaron las desmesuras. Tachar los letreros viales escritos en español fue una de sus tristezas culturales preferidas. Con palabras borradas cerraron las mentes. Su desafecto hacia otras lenguas era la prueba de la insinceridad con que defendían la propia; vi que usaban esa aventura para llenar el vacío íntimo. Nos lo tomamos con paciencia. Al cumplir años he perdido convicciones. Una de ellas sigue conmigo y sé que va a acompañarme hasta los últimos días: quien ama un idioma ama todos los idiomas."

 
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